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Podcast ivoox sobre tipos de “covers”.

Cuando hablamos de hacer una versión a un artista deberíamos tener en cuenta todas las derivaciones que ofrece ese sustantivo; esto es: inversión, reversión, extraversión o, incluso, perversión. La diferencia entre unas y otras siempre va a depender de la personalidad del músico que ejecute la pieza: “a peor calidad técnica más inversión, a mayor mala leche mayor perversión”. No obstante, un repaso por cada una de ellas quizás aclare tus dudas a cerca del tipo de versionador que más te gusta.

Versión, reversión, inversión, extraversión…perversión

La versión

Una versión no es más que una simple copia del original. No aporta gran cosa más allá del mero tributo al artista versionado, además de un acercamiento, muchas veces interesado, a su áurea; aunque es lo ideal para bandas que acaban de empezar y necesitan coger músculo entre ellos. Hay cantidad de ejemplos de este tipo de ejecutante, sobretodo en pubs de mala muerte donde, cada fin de semana, una banda local amateur trata de emular al fantasma de Bon Scott entre cubatas aguados y coronillas con demasiada alopecia. De este género, tal vez la más característica sea la que la banda inglesa The Soft Boys hizo del clásico perdido de Syd Barret (Pink Floyd), “Vegetable man”, tanto, que el propio Robyn Hitchcok debió pasar unos meses en tratamiento psiquiatrico para dejar de creer que se había convertido en el malogrado guitarrista de los Floyd.

La reversión

Por otra parte, cuando una canción es tan versionada que su escucha llega a rozar el tedio, sucede que algún artista, o incluso el propio compositor del original, haga una reversión de la misma para devolverle al tema su esencia primigenia. Este podría ser el caso de piezas de Dylan como “Knocking on heavens door” o “All along the watchtower”, tan perfeccionadas a lo largo de la historia que ya casi nadie recuerda con qué idea se compusieron originalmente. De tanto en tanto, algún nostálgico se esfuerza en volver a naturalizar estas canciones con tanto arrojo como poca o ninguna repercusión para su carrera.

Algunos académicos confunden reversión con perversión. Tu misión, desde hoy, es desacreditarlos públicamente usando todos los poderes que para ello te confiere este artículo y yo mismo: in nomine patris et filii et spiritus sancti. Amen. 

La extraversión

¿Cómo debería entenderse una extraversión? Desde luego nunca como lo haría Carl Jung porque no hablamos de un rasgo de la personalidad, sino de alargar de la pieza usando “extra” como un prefijo. Las bandas progresivas son muy dadas a esta naturaleza de versión, incluyéndoles largos solos y sinuosos pasajes para mayor gloria de sus interpretes quienes, a todas luces, han pasado años encerrados en lúgubres conservatorios soñando con pisotear la esencia de sus canciones favoritas, abandonados a un viaje sin retorno de modos e inversiones que los mantienen deliciosamente alejados de la realidad.

Algunos casos claros de extraversión los hicieron Yes a Simon & Garfunkel (“America”), Vanilla Fudge, llevando al paroxismo más procaz a los Beatles o Rare Earth, cuya extraversión del “Get ready” de “Smokey” Robinson se estiró hasta un delirio de veintipico minutos.

La inversión

Para redondear, mis preferidas: la inversión y la perversión; porque ya puestos a hacer algo de otro, lo mejor es dejar claro que, o bien lo odias o bien pasas completamente de él.

Los casos de inversión son notables. En su mayoría vienen de la mano de bandas con muy poca calidad técnica que, en su cándida busca de la rendición, terminan por desgarran el cuello de una canción hasta hacerla desangrarse inmisericordemente sobre un escenario. Este es caso de Ramoncín y su asesinato del “Come as you are” de Nirvana. Un caso que aún espera juicio en la Haya pero que disfruta de una condecoración al valor con la que millones de artistas sólo sueñan.

Otros destructores de canciones han sabido ser más sutiles, degenerando la médula de la canción pero llevándola a un terreno de purgatorio que lo disculpa casi todo. Fue el caso de Johnny Cash, quien gracias al productor Rick Rubin (desde luego sin él hubieran sido inversiones a-lo-ramoncín) editó una colección de excéntricas inversiones de artistas tan antagónicos como Nine Inch Nails, Soundgarden, U2 o Depeche Mode, hechas, eso sí, desde lo más profundo de las agallas.

La perversión

Finalmente, la perversión consiste, al igual que la inversión, en destrozar sin miramientos el tuétano del corte original, variando tan solo en que el resultado es más el producto de la mala leche o el rencor hacia el “homenajeado” que la falta de recursos técnicos. Frank Zappa, quien jamás hizo una canción emocional, envidiaba y odiaba a partes iguales las sobreactuaciones epidérmicas de Led Zeppelin, algo que dejó claro en la única versión (excluyendo el “Happy Toghether” junto a Flo & Eddie en 1971) que hizo en toda su carrera; una perversión, entre la mofa y la epifanía, del “Staiway to heaven” que Page y Plant deberían escuchar cada día antes de ir a diálisis.

Es más, Led Zeppelin tuvieron su banda de perversiones particular en Dread Zeppelin, un descollante grupo norteamericano que mezclaba los clásicos de los Zep en tono reagge y con la voz de un orondo imitador del Elvis bajonero de Las Vegas. Jamás una banda suscitó tantas aprensiones y jamás nos dio tan buenos momentos.

Conviene recordar, antes de escuchar el podcast, que una canción es como un castillo de naipes. Cuando se le sopla, sobre la mesa sólo debe queda uno. Si éste es un As, la canción podrá versionarse de todas las formas posibles sin perder jamás su quid; pero si es de un palo inferior, su interpretación en otras gargantas e instrumentos estará siempre condicionada al talento de quien la ejecute y, por tanto, abierta a los imponderables de la inversión y la perversión…(think about it).

Escucha el podcast ivoox mientras ojeas el artículo y echa un bueno rato:

Existen dos formas de homenajear a un artista: el plagio y la versión. Y pese a que las dos acaban por resultar igualmente caras; la opción del cover es infinitamente más noble.

Músicos de rock and roll de los años ´50, como Chuck Berry o Little Richard, han prestado su repertorio a infinidad de músicos que deseaban demostrar, a través de su interpretación, un acercamiento ideológico con un estilo. Otros, como Bob Dylan, casi parecían hacer el boceto para que lo acabaran los demás.

Al versionar, el intérprete conecta de forma espontánea con la energía que genera un artista. Si éste es de éxito, algo empuja a creer al público que el homenajeante tiene las miras altas. Cuando no lo es, como por ejemplo hacía Nirvana, puede estar deseando volver a formar parte de una escena underground algo más pura. En ambos casos, los artistas y el público, se retroalimentan de una fantasía enigmática muy parecida a un guiño o un santo y seña.

Ahora bien, cuando la versión supera al propio original y pasa a formar parte ineludible de su repertorio, se produce el más curioso de los fenómenos en la música; el de la sublimación.

En este podcast de ivoox trataremos 10 versiones a lo largo de la historia que, a nuestro juicio, superar con creces al original.

Listado de canciones:

  1. Dylan/Hendrix: All along the wathctower
  2. Gloria Gaynor/Cake: I will survive
  3. Marvin Gaye/Creedence Clearwater Revival: I heard it throuht the grapevine
  4. The Doors/Brian Auger & Julie Driscol Trinity: Light my fire
  5. The Beatles/Vanilla Fudge: Eleonor Rigby
  6. The Band/Blood, Sweat & Tears: Lonezome Suzi
  7. Otis Redding/Three Dog Night: Try a little tenderness
  8. Fleetwood Mac/The Amazing: Sunny side of heaven

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Enloquecidos por saber que lo has escuchado, casi en delirio febril por saber que compartes y en éxtasis teresiano al leer tus comentarios. ¡Mil gracias!

 

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