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Escucha el podcast de música sobre plagios mientras lees el artículo.

¿QUÉ ES UN PLAGIO?.

Decí­a Albert Einstein que “El secreto de la creatividad es saber cómo ocultar tus fuentes“, y hasta el propio Lennon reconoció en varias entrevistas que el secreto de los Beatles era deformar tanto una canción tomada de otro artista hasta llegar al punto en que nadie se diera cuenta de donde había venido la inspiración (algo que Harrison olvidó hacer en su My Sweet Lord).

Muchos países establecen que tiene que haber una coincidencia entre seis u ocho compases seguidos para haber plagio. La Universidad de Londres, ncluso, llegó a desarrollar un software capaz de analizar cosas como el ritmo, el tono, la cadencia o la melodía, para luego compararlas y descubrir los hurtos.

No obstante, en España, le ley es más ambigua y abierta a la interpretación: “se prevé que hay plagio cuando un autor se apropia de la esencia de una canción”; con lo que tal vez esta máquina aquí no nos serviría.

El plagio es un delito y, por lo tanto, está tipificado en el Código Penal. Y para que el plagiador sea considerado responsable es necesario que haya dolo, es decir, intencionalidad. Un criterio que conduce a que la estrategia de muchas defensas consista, precisamente, en demostrar que la copia fue inconsciente. Algo que tampoco evita pagar en concepto de inspiración.

CUESTIÓN DE CREATIVIDAD Y ALGUNAS COSAS MÁS…

Hoy, gracias a internet, el acceso a las canciones es prácticamente ilimitado, lo que hace que las acusaciones de plagio se estén disparando por un problema múltiple que incluye, desde la falta de conocimientos musicales de los artistas o el agotamiento de los patrones clásicos de blues, pop o rock, a un ejército de tecnócratas que nada tienen que ver con los músicos; pero que viven muy bien a costa de ellos.

Imagina lo injusto que sería que por cada huevo frito con patatas que alguien hiciera en su casa se tuviera que pagar al primero/a (o sus descendientes) que un día tuvieron la compleja idea de echar un huevo frito sobre un puñado de patatas… El ser humano no crea desde la nada. Cada invento es, en parte, una evolución de uno anterior, sin contar con lo que ya están en la naturaleza y, simplemente, bautizamos. En el caso de la música, hay casos de flagrantes robos, pero, por lo general, no debería haber nada de malo en evolucionar obras, legados o estructuras (Johann Pachelbel be proud…). Es parte de nuestro desarrollo como especie siempre que en su elaboración no exista un premeditado componente fagocitador.

Pese a todo, el asunto de la creatividad es ciertamente preocupante a día de hoy. Desde que el músico pasara a un segundo lugar durante la década de los ´80, para dar prioridad a la imagen o las tendencias comerciales (basta con escuchar los discos new wave de Neil Young para saber hasta qué punto el asunto iba en serio). La creatividad de los artistas quedaba condicionada a rígidas clausulas de “satisfactoriedad comercial” que contentaran a los empresarios del disco. Esos que Frank Zappa definió como hippis que pasaron de servir bien los cafés a decidir, con los pies encima de una mesa, a decidir cuales iban a ser los gustos musicales de “su” público.

“COMERCIALMENTE SATISFACTORIO”.

Es posible que el germen del mainstream viniera germinándose ya desde los años ´70. Década en la que muchos artistas vieron como sus discos quedaban bajo llave en el estudio de grabación por tratarse de “excentricidades sin pulso comercial”. Músicos díscolos que quisieron dar un giro creativo a sus carreras y que debieron cambiar de sellos para publicar algunas de sus obras, a día de hoy, más controvertidamente interesantes. Tesoros de valor incalculable para algunos que, sin embargo, provocaron micro-infartos en los despachos de sus respectivas casas discográficas.

Es el caso de los discos de los discos de inmersión vocal inclasificables de Tim Buckley (Lorca, Starsailor), la tortura noise/experimental de un artista desmandado como Lou Reed en Metal Machine Music; hoy, uno de esos discos que muchos artistas consideran casi devocionales (Thurston Moore. Sonic Youth) o la oscura etapa de fusión diabólica de Miles Davis a mediados de los ´70; una excentricidad que le costó un linchamiento público (hoy, una de sus mejores…)

Se dice que la cosa toco techo con los devaneos post rock de los ´80 Talk Talk. Una banda abiertamente comercial que, un buen día, se levantó la tapa de los sesos (sobretodo su líder Mark Hollis) con Can o John Coltrane, pasándose a la experimentación más cruda una vez alcanzada la gloria con singles de que, abiertamente, abominaban. Su compañía, la todopoderosa EMI, terriblemente disgustada con un producto para públicos reducidos decidió, además de rescindir su contrato y alejar a Hollis de la producción musical un par de años luz, incluir una clausula que evitara ser “demasiado creativo de forma sobrevenida”, obligando a las bandas a comportarse “satisfactoriamente comerciales” y, por ende, a evitar cualquier golpe de estado de un músico lunático demasiado centrado en sus alucinaciones personales.

EL HOMENAJE COMO RECURSO

Llegados a un punto en que casi todo suena a algo, muchos grupos han sido conscientes de que la mejor forma de llenar una sala y evitarse problemas es, directamente, homenajear a grupos con tirón comercial. Se trata de la jugada perfecta. Un win win de libro que permite al músico lucirse, divertirse y evitar destrozar la guitarra contra el suelo en busca de alguna progresión de acordes que no se haya repetido hasta la arcada a lo largo de la historia.

La proliferación de bandas homanaje, tributo o bogus bands, comenzó en los años ´90 y actualmente ha llegado al punto de descontrol en que no es raro que se celebran festivales de grupos paralelos a bandas inactivas, con la bendición de los miembros origiales para mayor sorpresa (caso de Dire Straits o Pink Floyd)

La respuesta del público, por otra parte, está siendo tan entusiasta que los tributos se hacen ya a grupos en activo (con olor a muerto) como Muse, AC/DC o Rolling Stones, sin importar demasiado que pudieran estar tocando en la misma ciudad el mismo día.

El colmo ha llegado con bandas que rozan el plagio pero que ofrecer un nostálgico viaje en el tiempo para devotos de un estilo. Gente capaz de escuchar de forma enfermiza el mismo disco durante décadas sin importarles demasiado quién toque en él o si hicieron alguno posterior. (Creedme, existen). Verdaderos sintetizadores de esencias que ofrecen la experiencia de viajar en el tiempo en una suerte de carrusel oportunista para parroquianos del estribillo y el air guitar. Es el caso de Wolfmother con Black Sabbath o Greeta Van Fleet con Led Zeppelin. El tributo extreme con canciones propias dentro de una espiral de apropiación indebida en cuyo centro hay, además de mucha jeta, un enorme vacío legal. Los propios homenajeados han acabado tirando balones fuera en episodios que van desde el sonrojo al orgullo personal: “Son Led Zeppelin I, aunque digan que estar más influenciados por Aerosmith”. Ha llegado a decir de Greeta Van Fleetpelin un molesto Robert Plant, por otra parte, y junto a Jimmy Page, los adalides del plagio más malintencionado del siglo XX.

Abundando en el tema del robo más sangrante, el bochorno es supino cuando se llega al punto de usurpar el nombre de algún grupo legendario, como es el caso de Triana en un caso de apropiación de marca que ya les sucediera a Fleetwood Mac en 1974. Hoy puedes ir a ver actuar a Triana en una sala, sin ninguno de los miembros originales del trío, debido a un supuesto contrato de cesión hecho con Juan José Palacios “Tele”, batería y uno de los miembros fundadores del grupo, que permitiría a los nuevos Triana ir por ahí tocando los clásicos del grupo sin el consentimiento expreso de los otros dos y sin haber compuesto ni una sola nota de ellos. No es el único caso, otros grupos míticos como Blood, Sweat & Tears o la ELO tocan regularmente en Las Vegas para un público inapetente a través de concertadas cesiones de marca. Imaginad como debe saber una Coca Cola cuyo único ingrediente secreto es el dinero que se paga por blandir su logotipo.

En este podcast de música dedicado a los plagios, repasaré, junto al psicólogo y musicólogo Carmelo Hernández, algunos de los más bochornos casos de plagio de la historia a través de un buen puñado de anécdotas.

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Listado de canciones:

  1. George Harrison: This Song
  2. David Bowie: Boys keep swinging
  3. Blur: MUR
  4. The Hollies: The air that i breathe
  5. Radiohead: Creep
  6. Jorge Ben: Taj Mahal
  7. Rod Stewart: D´ya think i´m sexy
  8. The Chiftons: He´s so fine
  9. George Harrison: My sweet lord
  10. The Doors: Hello, I love you
  11. The Kinks: All day and all of the night
  12. Mott The Hopple: All the young dudes
  13. Oasis: Stand by me
  14. Umberto Tozzi: Gloria
  15. Pulp: Disco 2000

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