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Artículos de música en el blog de cesarespi.

 

Nunca me tomé muy en serio a Dylan hasta que vi el Corazón del Ángel de Alan Parker. De algún modo, siempre me pareció que el viejo zorro formaba, junto a Elvis Presley y Scott Walker, el palco de autoridades del solipsismo metafísico más radical. Los tres ases de una baraja donde, paradójicamente, no había baraja ni tampoco ases.

De pequeño, cuando escuchar canciones en inglés era como oír llover, me pareció siempre un tipo de lo más aburrido. Un trovador catamañanas que debía aparecer en los sueños húmedos de Joaquín Sabina y que poco podía aportarle a un protopunk daltónico que se vestía como un cenobita. De mayor, después de una secundaria que hubiera conmovido a Oliver Twist, comprendí que debía fijarme más en qué decían algunos de mis artistas favoritos para asegurarme algún lugar en el mundo. Fue entonces cuando descubrí la grandeza de Dylan. Un tipo capaz de encerrar en una canción el sentir de una generación, el desgarro de un alma herida o el profundo despiste de un hombre a la deriva.

Pero volvamos a Alan Parker y su Corazón del Ángel. En aquella película, (un peliculón, por otra parte) Micky Rourke interpretaba al embustero Harry Angel, alter ego de Johnny Favourite, un famoso e indolente cantante que pretendía hacer creer al demonio que no fue él quien le vendiera el alma en el pasado a cambio de fama y fortuna. Situación que Louis Cyphre (Lucifer o Robert de Niro en estado de gracia) termina aprovechando para divertirse un poco a su costa, haciéndole recordar el origen de su infernal relación sinalagmática a través de una inquietante trama detectivesca. Como digo, de lo mejorcito que ha hecho Alan Parker después del Expreso de Medianoche y que, como no podía ser de otro modo, acaba resolviéndose en un lento declinar hacia los infiernos.

EL ALMA A CAMBIO DE UN PUÑADO DE CANCIONES.

Voodoo, azufre, Lucifer, y un cantante que debió “olvidar” quien era para no perder su alma eterna. Y llamadme loco, pero a mí me vino a la cabeza Bob Dylan. Bueno, también Fausto, pero éste sólo le pidió conocimientos ilimitados y algunos placeres mundanos. Un alemán del siglo XV no pensaba precisamente en llenar estadios cantando canciones protesta… el Nuevo Mundo se conquistaría con conocimientos y no con guitarras; principalmente porque éstas se inventarían un par de siglos después.

Me reconozco entre los que en algún momento de su vida han pensado que All Along the Watchtower era un tema de Hendrix; Like a Rolling Stone de los Stones; Mr. Tambourine Man de los Byrds; Highway 61 Revisited de Johnny Winter; I Shall Be Released de The Band o If Not For You de George Harrison. Sólo por citar algunos ejemplos, porque si nos ponemos dylanescos de verdad aún están Country Pie, My Back Pages, Father of Night o Knockin´On Heavens Door, que han sido piezas palmarias dentro de los repertorios de The Nice, Roger Mc. Guinn, Manfred Mann o Guns and Roses, respectivamente.

Lo sé…, existen muchos artistas ampliamente versionados en el mundo del rocanrol y no por ello le han vendido el alma a Mefisto. Sin embargo, en el caso de Dylan, casi se puede hacer un mapa del tesoro con alguno de sus títulos más celebrados: Like a Rolling Stone (como un bala perdida), Father of Night (padre de la noche), I Shall Be Released, (necesito ser liberado) o Knockin´On Heavens Door, (llamando a las puertas del cielo). Por no hablar de lo explícito de algunas de sus letras: “vas a tener que servir a alguien, de verdad que sí, puede ser el diablo o puede ser el Señor; pero tú vas a tener que servir a alguien“. (Gotta Serve Somebody –Slow Train Comin´– 1978). Pon estas canciones sobre un papel y une los puntos pausadamente, acabarás por encontrar una figura de pelo ensortijado con dos robustos cuernos presidiéndola.

DE CÓMO ESCAPAR DEL DEMONIO.

Tal vez esto sea ir demasiado lejos, pero ya metidos en la conspiranoia más recalcitrante, ¿por qué no pensar que también hay algo extraño en su forma de interpretar sus propios temas? Un aire. No sé… ¿desprendido?

Se podría decir que parecen pequeños trazos que han acabado por germinar en las manos de otros artistas. Una suerte de embuste a lo Johnny Favourite que, de alguna manera, les ha concedido a ellos una autoría revalorizada que incluir con orgullo en sus set lists como composiciones prácticamente propias.

Algunos. Muchos. Seguramente todos conocemos el enorme peso músico-social que significó (y aún hoy significa) la imprescindible trilogía formada por los discos Bring It All Back Home (1965), Highway 61 Revisited (1965) y el celebérrimo Blonde on Blonde (1966). Todos ellos firmados por un visionario Bob Dylan que, para 1967, desaparecería de la vida pública recluyéndose en una granja de Woodstock (Nueva York). Allí, junto a su familia, viviría austeramente, alejado de la movediza escena musical de finales de los ´60, del hippismo, la contracultura, la psicodelia o el rock sinfónico, deshaciéndose de su propio repertorio en huidizos discos de country con tufo a autocomplaciente decadencia que, por otra parte, han resultado ser los más cacareados por su público más devoto; el que le quiere como es: huidizo, ufano…iconoclasta. Bob Dylan había aprendido tanto del diablo que casi se comportaba como él.

Usó como excusa para su exilio haber sufrido un accidente de tráfico en julio de 1966. ¡Valiente coartada! Y sin dar más detalles sobre el asunto, simplemente se quitó de en medio, eso sí, asegurando “haber visto la luz”. De este modo, Bob Dylan/Robert Allen Zimmerman, entraba voluntariamente en un destierro autoinducido del que sólo le rescatarían sus viejos colegas de The Band, amén de alguna actuación esquiva en la que, increíblemente, deseó estar expresamente desvinculado (Festival de Woodstock. 1969).

Todos estos misteriosos ardides le evitarían en lo sucesivo cualquier halo de notoriedad durante años hasta su divorcio con Sara Marlin en 1977. La ruptura sentimental más grave de su vida y otro trato luciferino del que su propio biógrafo, Michael Gray, dijo que incluía una cláusula para Sara que evitara que lo contara todo. «Ella debía guardar silencio sobre la vida privada de su ex marido. Y así lo ha hecho». – desveló Gray algunos años después.

¿FOREVER YOUNG?

Por si todo esto fuera poco, él mismo acabó por reconocer durante una entrevista y con evidente congoja que seguía en esto de la música porque debía seguir pagando una enorme deuda. Un pacto celebrado muchos años atrás, entre “caballeros”, con quien dijo ser “el comandante en jefe de un mundo que no podemos ver”. Un contrato con cláusulas tan antiguas como las que firmó el primero de los hombres.
Por fin, Zimmerman/Dylan se reconocía como Heart/Favourite. Desemnascarado delante de una oscura e hiperbólica elipse en cuyo eje central se dibujaría una confusa figura, de nuevo, con lustrosas astas sobre la cabeza.

Quizás Dylan, como Favourite, hubieran vendido su alma al diablo a cambio de réditos mundanos. Quizás también ambos, desde la atalaya de esa gloria ya disfrutada, hubieran tratado de eludir el pacto, y quizás, como ocurriera con en El Corazón del Ángel, Dylan, también hubiera fracasado en el intento de despistar a Luois Cypher, siendo castigado por ello y obligado por el demonio a recordar aquella antigua deuda imbuyéndolo en un divertido pero angustioso proceso de autobúsqueda personal.

Conviene recordar, por si aún no había quedado muy claro, que para escapar del maligno, Johnny Favourite se convirtió en Harry Angel. Un detective de poca monta que se debatiría agónicamente entre el evangelismo, el vudú y la apostasía, en busca de un refugio, lamentablemente, no lo suficientemente suguro. Algo que no dista mucho de los devaneos religiosos del viejo zorro de Dylan, que desapareció del mundo por un tiempo, convirtiéndose en un amnésico errante al que alguien ya había llamado “Judas” (quizás el propio Cypher), quien, sin duda, debió divertirse mucho viéndole intentar salvar su alma tocando un bis a bis frente al Papa de Babilonia; cerrando muy oportunamente aquel bolo con Forever Young.

ROBERT “JUDAS” ZIMMERMAN. AKA: BOB DYLAN.

Ya metidos en harina, ¿por qué no recordar que fueron las traiciones las que hicieron de Judas el apóstol olvidado?

Harry Angel engañó a todas sus amistades, siendo su alter ego, Johnny Favourite, quién cometiera todas las vilezas por él. Pues bien, Robert Zimmerman, hizo lo propio con sus admiradores, sus líderes religiosos e incluso a sus más incondicionales colaboradores, encargando sus felonías detrás a una máscara con nombre y apellidos: Bob Dylan.

“Sabéis que estamos viviendo los últimos días”. Llegó a predicar durante su etapa de redención en 1979 (Saved) y, citando la Biblia, añadió: “Echad un vistazo a Medio Oriente. Os avisé en The Times They Are-a-Changin´. Dije que la respuesta estaba flotando en el aire; pues bien, ahora os digo que Jesús está de vuelta”.
Terminó la homilía sintiéndose rescatado por la gloria de Dios, redimido, lleno de gracia divina y bla bla bla, al grito de mil aleluyas que, a la postre, no han conseguido camuflar el penetrante olor a azufre que, como en uno de sus clásicos, flotaba en el aire.

Me gusta pensar que aún está por venir el día en que Dylan ofrezca su último concierto. Y como ya ocurriera con Juan Pablo II, se presente esta vez ante Louis Cypher. Será un recital íntimo dentro de una sala amplia, cómoda, donde un deleitado Lucifer le estará esperando solo, sentado en una confortable butaca de terciopelo rojo desde la que, acariciando la empuñadura de su elegante bastón de plata, se preparará para escuchar a su más escurridizo socio entonar, durante toda la eternidad, el estribillo de aquella canción en la que decía sentirse como llamando a las puertas, ahora sí, del Infierno.

Entra en este vídeo para convencerte del origen diabólico de Bob Dylan y, si te ha gustado el artículo, comenta y suscríbete al blog. Dylan, Lucifer y yo lo celebraremos. ¡Muchas Gracias!

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